Pensar, hablar, representar. El emerger del lenguaje
Golsen y Bursztejn señalan en su texto los procesos más básicos desde los que se genera el lenguaje, además de la noción de existencia y el proceso de individuación del sujeto por los que debe pasar este mismo necesariamente producto de la sensación de unidad en su relación con la madre, generada durante los procesos más básicos del desarrollo del lenguaje hablado como tal.
Puede verse cómo tanto en la gestación embrional y fetal del sujeto como una vez nacido y hasta lograr la capacidad del lenguaje en palabras vocalizadas, se hace necesaria la relación que se establece naturalmente entre el bebé y la madre en todo sentido, tanto en el plano simbólico como pragmático. Incluso en algunas de las etapas ulteriores y determinantes del lenguaje e individuación del bebé, resulta necesaria no solo la existencia de un padre o una figura parental concreta, sino que éste cumpla con su rol natural de autoridad y poseedor de la figura materna del niño. Además de esto, éste debe ser reconocido como tal por la madre del menor para que él también pueda identificarlo como padre y a su madre como una persona a parte de su Yo.
Al pensar en todo esto, cabe preguntarse qué ocurre con los niños no deseados; con los hijos de parejas de hombres homosexuales, en donde la figura materna no puede entregar todo lo explicitado en el texto para cumplir con los pasos del desarrollo "sano" del niño; qué hay de los niños que nos son criados por sus madres biológicas, las que iniciaron esta relación con él en su vientre; qué hay de los niños que no poseen una figura paterna que establezca la organización en una relación triangular y ya no diádica. El estudio observacional en que se basa el texto nos habla de una relación objetal ideal niño-madre, pero creemos que habría que estudiar también las implicancias de un desarrollo del Yo y del lenguaje hablado, en situaciones como las recién mencionadas, en que no es posible generar las condiciones ideales expuestas en el texto.
Citas como las siguientes reflejan la noción de esta relación como necesaria para un desarrollo sano, en donde no caben situaciones como las antes mencionadas:
- “Estas transacciones lúdicas entre madre y niño los sitúan constantemente en un “baño afectivo” estimulante y armonioso que puede truncarse por una razón u otra […] Esto puede tener consecuencias graves porque se instauran déficit interactivos, fuente de trastornos psicopatológicos ulteriores”;
- “Este esbozo de diferenciación y de estructuración del aparato psíquico parece que sólo puede realizarse a partir de una función materna que ha sido conceptualizada de diferentes maneras por los psicoanalistas”;
- “Si el niño se siente sostenido sólida y confortablemente por los brazos de la madre, por su voz, su mirada, se sentirá protegido contra la angustia del troceamiento”
- “…Estos autores destacan, pues, como S. Freud, el papel determinante de la madre en su función de barrera de contención que reduce y liga las excitaciones”
¿Acaso las personas que no tienen opción de cumplir con estos requisitos afectivos otorgados desde la fecundación hasta los primeros meses de vida por la madre y el padre, no pueden con ulterioridad desarrollarse sanamente? Cabría estudiar casos como estos en su comportamiento adulto.
Puede verse cómo tanto en la gestación embrional y fetal del sujeto como una vez nacido y hasta lograr la capacidad del lenguaje en palabras vocalizadas, se hace necesaria la relación que se establece naturalmente entre el bebé y la madre en todo sentido, tanto en el plano simbólico como pragmático. Incluso en algunas de las etapas ulteriores y determinantes del lenguaje e individuación del bebé, resulta necesaria no solo la existencia de un padre o una figura parental concreta, sino que éste cumpla con su rol natural de autoridad y poseedor de la figura materna del niño. Además de esto, éste debe ser reconocido como tal por la madre del menor para que él también pueda identificarlo como padre y a su madre como una persona a parte de su Yo.
Al pensar en todo esto, cabe preguntarse qué ocurre con los niños no deseados; con los hijos de parejas de hombres homosexuales, en donde la figura materna no puede entregar todo lo explicitado en el texto para cumplir con los pasos del desarrollo "sano" del niño; qué hay de los niños que nos son criados por sus madres biológicas, las que iniciaron esta relación con él en su vientre; qué hay de los niños que no poseen una figura paterna que establezca la organización en una relación triangular y ya no diádica. El estudio observacional en que se basa el texto nos habla de una relación objetal ideal niño-madre, pero creemos que habría que estudiar también las implicancias de un desarrollo del Yo y del lenguaje hablado, en situaciones como las recién mencionadas, en que no es posible generar las condiciones ideales expuestas en el texto.
Citas como las siguientes reflejan la noción de esta relación como necesaria para un desarrollo sano, en donde no caben situaciones como las antes mencionadas:
- “Estas transacciones lúdicas entre madre y niño los sitúan constantemente en un “baño afectivo” estimulante y armonioso que puede truncarse por una razón u otra […] Esto puede tener consecuencias graves porque se instauran déficit interactivos, fuente de trastornos psicopatológicos ulteriores”;
- “Este esbozo de diferenciación y de estructuración del aparato psíquico parece que sólo puede realizarse a partir de una función materna que ha sido conceptualizada de diferentes maneras por los psicoanalistas”;
- “Si el niño se siente sostenido sólida y confortablemente por los brazos de la madre, por su voz, su mirada, se sentirá protegido contra la angustia del troceamiento”
- “…Estos autores destacan, pues, como S. Freud, el papel determinante de la madre en su función de barrera de contención que reduce y liga las excitaciones”
¿Acaso las personas que no tienen opción de cumplir con estos requisitos afectivos otorgados desde la fecundación hasta los primeros meses de vida por la madre y el padre, no pueden con ulterioridad desarrollarse sanamente? Cabría estudiar casos como estos en su comportamiento adulto.
No olviden que al hablar de madre se hace referencia a la "función materna"; lo mismo con el padre. En ese sentido, la gestación p.ej. no es imprescindible para que se genere una vinculación afectiva y para que se despliegue el desarrollo del aparato psíquico del niño; un padre homosexual puede cumplir una función materna en tanto tenga las competencias que bien describe Golse como las de holding y handling que propone Winnicott, etc.
ResponderEliminarHay una sola pregunta.
Comentario: 1 pto.
Preguntas: 1 pto.
Formalidad: 2 ptos.